
ecos de dos miradas


roberto
tabbush
Recuerdos de la selva y de árboles amarillos: una cantata para América mágica.
Recuerda los viajes de su juventud, cuando a los dieciocho años se adentró en la densa selva del Paraguay. Fue como cruzar un umbral hacia un mundo desconocido, un territorio de asombros y revelaciones. Los baños en el salto de las Dos Hermanas, las cataratas bramantes en una cantata para los Dioses, el tren que parecía el más bello del mundo en Paraguaná, la lluvia incesante que lo acompañó durante los meses de carpa. Esos recuerdos que se materializan en sus pasteles y en esos acrílicos que evocan a su/la memoria.
En esas formas que surgen de la capacitación de la realidad inmediata, se esconde un secreto. Tal vez en la transmutación de esos colores y en la disolución de los contornos reside una clave para comprender los laberintos de su alma.
Y entonces lo árboles amarillos se apoderan de su mirada, como si fueran espejos de un mundo oculto. Recién ahí abre su carpeta y comienza a plasmar troncos y hojas con la sensualidad del pastel, buscando capturar el alma misma de aquella vegetación dorada. A veces, con un gesto impetuoso rompe la composición, dejando que la expresividad y la incertidumbre se apoderen de la imagen. Unas veces terminan en el cesto de basura; otras veces surge una nueva visión cargada de emoción y recuerdos. Una pieza vibrante y texturizada.
Selvas imaginarias, caóticas, excesivas, reflejando su propio carácter dual. Él venía de puertos, de figuras, de ciudades, pero la selva lo lleva a lugares aún insospechados. Por ahora enfatiza la experiencia con sus sentidos, plasma estados de ánimo por encima de la lógica formal y la estructura tradicional; tras capas y capas de material sin perder de vista el oficio heredado e inculcado por el pincel de su madre.
Es casi como un viaje interno, un reflejo de la interacción con aquel entorno, fusionando emociones y memoria. Tal vez en esos pasteles, en esos acrílicos, se esconde un secreto, una clave para comprender los laberintos del alma.
Regresó 40 años después a lo que ahora son campos sojeros “yo viví algo tangible y real; no lo imaginé”, pero la suerte acompaña a los árboles amarillos que aún regresan en cada temporada al mismo lugar. Y, Roberto Tabbush seguirá recorriendo en busca de esa imagen que los fascine por primera vez.


